demanda de acero alambres y refuerzos

Los datos confirman que la recesión que había comenzado en 2019 se ha visto agravada por la crisis», advierte la patronal europea

Los dos hornos altos de Arcelor, en Gijón, son los únicos que quedan en España. /ARNALDO GARCÍA

La siderurgia europea afrontaba ya tiempos muy difíciles antes de la pandemia. Una crisis sanitaria y económica que ha desplomado todas las previsiones y que pone en una situación muy delicada al sector. De hecho, Eurofer –la patronal europea que aglutina a 35 productores de acero, Arcelor entre ellos–, tras evaluar las cifras del primer trimestre, prevé que «los datos futuros muestren nuevas caídas pronunciadas». Porque el batacazo ha sido monumental. En número, el consumo aparente de acero en la Unión Europea cayó un 12% entre enero y marzo en comparación con el mismo periodo del año pasado, al reducirse hasta los 37,6 millones de toneladas.

De modo que encadena cinco trimestres consecutivos de descenso, justo después de una bajada del 10,8% entre octubre y diciembre de 2019. En el conjunto del año pasado, la merma fue del 5,3%. «El pasado tuvimos el peor registro anual de la demanda de acero en la UE desde 2012», alertó Eurofer, y la tendencia presente no invita a albergar grandes esperanzas. En el primer trimestre de 2020, la debilidad de la bajada fue el resultado de «la continua caída en el sector manufacturero debido al debilitamiento de las exportaciones y la inversión, que llegó a ser más pronunciado en la segunda mitad de 2019».

Además, el inicio de la pandemia, aunque no del todo reflejado en los datos del primer trimestre, contribuyó aún más a una menor demanda de acero. De igual manera, los datos para el primer trimestre siguen mostrando crecientes distorsiones de las importaciones, así como una mayor volatilidad como consecuencia del aumento de la cuota de las medidas de salvaguarda. «La pandemia ha cortado las patas de la industria siderúrgica europea, causando graves daños a todo el sector y sus cadenas de valor», afirmó el director general de Eurofer, Axel Eggert, hace unos días. Para la patronal del acero, «los datos confirman que la recesión que había comenzado el año anterior se ha visto agravada por la crisis, con el sector ahora en estado de emergencia». Las previsiones son tan pesimistas que la siderurgia europea vaticina que el inicio de la crisis del coronavirus afecte «drásticamente» a la ya complicada situación del mercado del acero, «con consecuencias sin precedentes para esta industria».

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Los recortes en la producción y de mano de obra ya se han producido «a un ritmo sin precedentes» y se desconoce cuándo y de qué manera se restablecerá la actividad por completo. Incertidumbre que ya ha tenido sus consecuencias en las plantas asturianas de Arcelor, donde uno de los dos hornos altos permanece parado desde el mes de abril como consecuencia, sobre todo, de la paralización del sector de la automoción. La multinacional no tiene fecha para su arranque y parece que las instalaciones gijonesas no están entre las prioritarias para su reactivación.

Dos son los motivos principales para esta desventaja. Por un lado, el hecho de que solo funcione la primera fase de las nuevas baterías de cok, que arrancaron el pasado mes de enero, aunque con graves problemas técnicos desde entonces, lo que obliga a importar cok de una planta polaca. Por tanto, se encarece de manera notable la producción. Además, las obras de la segunda acumulan meses de retraso, con lo que esta dependencia de cok externo podría prolongarse. La otra razón es que las inversiones previstas dentro del plan de mejora ambiental están en suspenso, a la espera de que Arcelor decida si las reanuda o no.

De modo que el sínter ‘A’ sigue sin tener instalado el filtro de mangas comprometido para reducir la emisión de partículas contaminantes. Y, por tanto, está parado para evitar nuevas multas por incumplir la normativa ambiental, como la impuesta recientemente por el Principado, que supuso el desembolso de 120.000 euros.

Fuente: www.elcomercio.es

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